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Un escultor perdió los dedos en un accidente. La pérdida ahora inspira su obra

Un escultor perdió los dedos en un accidente. La pérdida ahora inspira su obra

BEACON, Nueva York — Un día caluroso en el lago Oscawana, John Powers bañó al perro con una manguera y se puso a trabajar con madera en su casa de campo junto al lago, en el valle del Hudson.

Cuando Powers se encuentra frente a una sierra de mesa, suele hacer obras de arte. Para ello, corta bloques pequeños que ensambla en esculturas geométricas extraordinarias. Los objetos futuristas que expone en las galerías llegan a constar de cientos o miles de piezas, como si se tratara de dibujos digitales realizados en la vida real. Pero el 19 de mayo, Powers estaba cortando tapas decorativas para la cerca: una tarea común, para complacer a su mujer, quizá para impresionar al vecino.

Llevaba unos cuatro cortes. Entonces, algo salió mal. Un bloque rebotó y lo golpeó en la cara. El movimiento hizo que su mano izquierda quedara en el camino de la hoja de la sierra. Un mal corte de una herramienta en la que había confiado durante 30 años.

En un instante, Powers perdió el dedo anular y el pulgar. Sus dedos índice y medio quedaron casi destruidos. Le esperaba una angustiosa demora, ya que la primera ambulancia que lo trasladó se descompuso en una colina cercana a su casa en el condado de Putnam.

Cuando por fin llegó al quirófano, les suplicó a los médicos que lo atendían: “Soy artista. Eso es parte de mí, me completa. Mira hermano, no fallo, trabajo de una manera muy parecida a lo que tú haces”.

Para Powers —quien antes de dedicarse a las formas abstractas se formó haciendo estatuas realistas de bronce— la lesión ponía en juego su carrera y también reveló una paradoja. Durante décadas, había perfeccionado un proceso para ocultar su maestría inigualable, el toque de artista, por así decirlo, con el fin de producir objetos que parecieran salidos de una fábrica, pero que siguieran mostrando su sello personal. Sin embargo, cada uno de los componentes era resultado de la precisión y el control.

En las semanas posteriores al accidente, Powers tuvo que someterse a varias cirugías, una de ellas para restaurar el pulgar cercenando y otra para retirarlo de nuevo después de que el dedo se momificó y murió.

En los meses transcurridos desde el accidente, el artista volvió poco a poco a su práctica. La primera pieza que construyó fue un ataúd en miniatura para su pulgar, el cual enterró en su patio en una ceremonia a la que asistieron amigos. Sonó “Under My Thumb”. La recuperación de Powers ha estado enmarcada por un maravilloso humor negro. En el lugar del entierro, hay una pequeña lápida.

Su próximo proyecto es más esquivo. A través de la fisioterapia, está volviendo a trazar el territorio entre su mente y su mano. Se ha enfrentado a sensaciones fantasmagóricas, similares al dolor del miembro fantasma, misterios de la textura y la percepción. Ha luchado por mantener a raya la duda.

Este proyecto también incluye la colaboración de otros escultores para diseñar prótesis personalizadas que adoptarán la forma de accesorios que se ajustarán a “pu” y “de”, como llama a los dígitos inferiores que le quedan en la mano. Puede que sean solo estéticas, incluso ornamentales o extrañas. Para las personas que viven con una discapacidad, las posibilidades que ofrece la fabricación digital son muy amplias. Para Powers, es un problema que hay que resolver a través del arte.

Según el artista, este proyecto —con el que hace referencia en términos generales a su recuperación y reorientación, en su práctica y en su cuerpo— es la obra más importante de toda su carrera.

Powers, de 51 años, nació en el lado sur de Chicago. Su madre estudió en el Instituto de Arte y trabajó como diseñadora de interiores. Su padre, quien falleció en 2013, fue un sacerdote episcopal ordenado que marchó con Martin Luther King Jr. en Selma y más tarde encontró su vocación como psicólogo clínico. Powers creció en South Commons, un desarrollo urbano integrado que describe como algo “utópico”.

Después de la separación de sus padres, asistió a la escuela primaria en los suburbios de Oak Park, frente a la casa y el estudio de Frank Lloyd Wright. “En la escuela primaria se tomaban la arquitectura muy en serio”, dijo Powers.

Tuvo problemas para aprender a leer. El arte siempre fue su salida. En su último año, dice, pasaba la mayor parte del tiempo en una clase de cerámica. Una de las profesoras de Powers —reprobó esa materia— le contó de un colega que trabajaba en una fundidora de bronce en la zona noroeste del Pacífico. A Powers le fascinó la idea de ser aprendiz de un maestro. Le preguntó con insistencia a la profesora si la fundición no necesitaba uno.

Riverdog Fine Arts tenía una vacante. Así que Powers le pidió prestados 50 dólares a su padre y viajó de aventón desde Chicago a la fundidora en Chimacum, Washington.

Lo del trabajo no prosperó, pero Tom Jay, escultor y ecologista que construyó la fundición, contrató a Powers como asistente para que le ayudara a terminar un proyecto monumental en bronce, “La encantadora del salmón y el cuervo”, un mito indígena. Para la comisión, Jay tenía que crear un anillo de 3,6 metros de alto, una canoa de casi 5 metros, dos figuras de tamaño humano y montones de salmones, una gran variedad de estatuas de bronce. Hoy esta escultura ocupa un lugar privilegiado en el parque Highland de Bellevue.

Powers vivía en el terreno de Jay, sin agua corriente, en una choza que él mismo construyó. Al principio, Jay le pidió a su aprendiz que fuera a hacer estanterías en el bosque; le dio herramientas, pero no instrucciones. Powers todavía recuerda la lección que ese día le dio Jay: “Si es bonito, funcionará mejor”.

Powers aprendió a esculpir, moldear y fundir. Trabajó con modernistas de la Escuela del Noroeste, como Hilde Morris, y con escultores nativos. Y aprendió cómo vivían los artistas.

Tras seis años en la fundición, Powers se convirtió en un maestro artesano. Luego llegó a Brooklyn como pudo, para inscribirse como estudiante en el Instituto Pratt (y más tarde en el Hunter College). Pero Powers rechazó las clases introductorias. Ya había construido una casa. Tampoco le apetecía presumir de una carpintería elegante.

Así que recurrió a los sencillos bloques Froebel que habían inspirado a Frank Lloyd Wright. Powers hizo decenas de bloques rectangulares de dimensiones similares y adoptó esta geometría sagrada de Chicago como propia. “Parecía que no estaba haciendo nada”, dijo.

En 1995, Powers vio una exposición en el Museo Whitney de Arte Estadounidense que cambió su trayectoria. Se trataba de una muestra sobre los artistas de la generación beat que sirvió como trasfondo para exponer por primera vez en Nueva York la obra “La rosa”, un cuadro de la artista Jay DeFeo que el museo había desenterrado. El cuadro pesaba más de una tonelada, con la misma densidad de un relieve escultórico, y era producto de 12 años de trabajo obsesivo.

En ese momento, Powers sintió que todo tenía sentido. Cuando todavía estaba en Pratt, se hizo de un almacén desordenado, trajo madera contrachapada y cortó sus primeros miles de bloques. Y empezó a apilarlos.

“Su trabajo es más como un maratón en lugar de una carrera de velocidad”, afirma Magdalena Sawon, cofundadora de Postmasters Gallery, que organizó una exposición individual de Powers en 2014. Para esa exposición, el artista trabajó todas las mañanas desde el amanecer hasta la apertura de la galería, clasificando pilas de bloques —de papel, madera contrachapada, poliestireno, resina y acero— para crear collages, instalaciones y torres.

Powers ha llegado a elaborar encargos monumentales, como “Lanchals”, una torre de 15 metros en forma de columna vertebral de piezas de acero entrelazadas ubicada frente a un canal de Brujas, Bélgica, para un festival en 2018. También ha hecho cosas barrocas con la madera; entre ellas, varios prismas multifacéticos perforados y descortezados con esmero que abarrotan su estudio.

Tras el accidente, el artista Mark Wagner se puso en contacto con Powers para hacerle un regalo. Con una guillotina del siglo XIX, Wagner cortó miles de trozos de papel de diez tamaños diferentes, todos ellos rectángulos en las mismas proporciones que Powers prefiere. Las piezas más pequeñas son meras virutas, de 1,5 por 4,7 milímetros.

Ahora Powers apila estos trozos de papel en capas, con las que logra obras que casi parecen dibujos. Sus años en la fundición le enseñaron que menos es más.

“El bronce tiene lo suyo”, comentó Powers. “La gente elige el bronce. Lo bueno de los bloques es lo contrario. Todo el mundo sabe cómo apilar un bloque”.

El día del accidente, la esposa de Powers, la diseñadora Jennifer Bostic, estaba en el porche cercado que da al lago Oscawana. Si no hubiera estado sentada fuera, dice, quizá no habría oído el grito de su marido. “Escuché un sonido que nunca antes había oído”, dice Bostic.

Su vecino de al lado llegó primero a la escena. Powers dice que le gritó al hombre:

“Ayúdame a encontrar mis dedos”. Los recogieron en la gorra de béisbol que Powers llevaba puesta.

“No es un tipo que conozca muy bien”, dice Powers. “Se condolió por mí”.

Bostic, que llamó al 911, dice que le dijo a la operadora que su marido era un artista. La operadora le dijo que no pusiera los dedos cortados en hielo, dice. Ese consejo iba en contra de lo que ella y su marido sabían hacer, pero lo cumplieron. En cuestión de minutos, un médico de urgencias voluntario del condado de Putnam llegó en un todoterreno, seguido de una ambulancia con dos paramédicos más, que subieron a Powers. Los trabajadores de emergencias médicas que se encontraban en el lugar le dijeron a la pareja que, de hecho, debían mantener los dedos fríos.

Entonces la crisis dio un nuevo giro. La ambulancia, un vehículo eléctrico poco reciente, no pudo subir la colina de Nampaugh Road, frente a su casa. Una segunda ambulancia tardó 45 minutos en llegar y sacar a Powers.

Siguieron otros contratiempos. El personal del Centro Médico Westchester se sentía optimista de poder salvar el dedo anular de Powers. Pero tras una operación de siete horas, los médicos solo pudieron volver a unir su pulgar. Durante seis días en el hospital experimentó profundas sensaciones de miembro fantasma. Una noche, dice, sintió que su mano postrada sostenía objetos extraños, entre ellos un cuerno de vaca hecho de felpa y un plástico grueso y dentado. Su mente había ensamblado las texturas a partir de los materiales que había en su habitación del hospital.

Se avecinaba otra sombría operación. El plan consistía en extirpar el pulgar momificado y, a continuación, unir quirúrgicamente la mano a un lado de su cuerpo en un esfuerzo por regenerar toda la infraestructura vascular perdida que fuera necesaria. Al final, no fue necesario conectar la mano a la cavidad del cuerpo. Y en algún momento de la intervención, uno de los anestesistas decidió comprar una escultura de Powers.

“Conseguí vender una pieza mientras estaba totalmente inconsciente”, dice el artista.

Adam Poots, fundador y propietario de una empresa de juegos de mesa con sede en Queens, Nueva York, es un experto en el ámbito de la fabricación digital. Su empresa produce Kingdom Death, un juego de fantasía y terror con cartas, dados y monstruosas figuras de plástico.

Kingdom Death crea nuevas criaturas esculpiéndolas e imprimiéndolas digitalmente o fabricándolas mediante moldes. Una de ellas es un cocodrilo sádico que se alimenta de cortisol, la hormona del estrés.

Powers pidió a Poots que le diseñara una prótesis. No solo un pulgar y un dedo, sino específicamente un pulgar y un dedo de edición de Kingdom Death.

“Me lo presentaron en un entorno informal”, dice Poots. “No me di cuenta de que él sigue una trayectoria artística”.

Bill Albertini, otro escultor, también está diseñando prótesis para Powers. Es probable que pruebe con un material de aluminio. El diseño final podría parecerse a algo de los “Pipe Dream Systems” de Albertini, una serie de esculturas que se asemejan a la tubería surrealista.

“No la hago con la idea de hacer una prótesis funcional”, dijo Albertini. “Eso está fuera de mi ámbito”.

Powers también ha recurrido a ingenieros para sustituir la función cotidiana de su mano izquierda. El 5 de enero le colocaron componentes personalizados fabricados por Naked Prosthetics, una empresa especializada en dedos impresos en 3D para amputados parciales de la mano. El seguro de Powers se negó a pagar estas prótesis, pero después de tres apelaciones, logró que lo hicieran.

Entre los artistas, Powers busca ideas que trasciendan la funcionalidad, aunque al final las piezas solo sean ornamentales y las use para ir a las inauguraciones de exposiciones de arte. Por ejemplo, el diseño de Poots se inspira en una prótesis de guantelete que portaba un caballero alemán del siglo XVI conocido como Götz de la Mano de Hierro. Powers ha creado un sitio web, Open Paw, para invitar a los artistas a presentar sus diseños. Es posible que la Galería Postmasters los exponga.

No sería el único en encontrar una salida creativa en su adaptación. Aimee Mullins, atleta paralímpica y modelo, a la que le amputaron las dos piernas a la altura de la rodilla, ha competido con prótesis de alto rendimiento. También ha lucido prótesis de alta costura para la pasarela.

El panorama actual de las prótesis incluye interfaces neuronales e informáticas y otras maravillas de la ingeniería. Pero las personas que sufren amputaciones y otras discapacidades en la edad adulta suelen recurrir a innovaciones de baja tecnología, según Sara Hendren, autora de What Can a Body Do?: How We meet the Built World.

“A veces las prótesis vienen en forma de mieoeléctricos y biomecatrónicos”, dice, refiriéndose a los avances de los laboratorios de alto nivel. “A veces vienen en forma de utensilios de cocina, sorbetes, ganchos para pelar y pegar. John está recibiendo toda esa herencia”.

Powers dice que siempre ha tenido un gran sentido de los límites de su cuerpo. Cuando su vida se siente equilibrada, Powers dice que puede estar de pie durante horas, trabajando en silencio, haciendo miles de movimientos repetitivos.

Ahora no conoce esos mismos límites. Siente que su entrenamiento le ha preparado para volver a aprenderlos.

“No es que todo vaya a salir bien”, dice Powers. “Es que, como artista, no puedes pensar más allá de lo que estás haciendo ahora. Sin pensar: ‘¿tendré alguna vez otra exposición?, ¿tendré una retrospectiva?, ¿le importará a alguien este arte?’”.

Su terapia física terminó a finales del año pasado. Powers dice que no sabe cuándo podrá levantar madera contrachapada o volver a la sierra de mesa. Tal vez sus cortes meticulosos sean descartados. Pero siempre podrá apilar bloques.

Powers dice que piensa con las manos. Por ahora, está centrado en su recuperación.

“El arte me ha dado una forma de ver esto y de ser parte de esto”, mencionó.



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